UNA VIDA DE SANTIDAD - Rhema Semanal
Tomado de: http://www.visiong12.com
Resumen: Palabra nos habla del paso por el río Jordán, cuando Josué hizo una invitación al pueblo a la santificación. “Santificaos, porque Jehová hará mañana maravillas entre vosotros” (Josué 3:5). Los sacerdotes debían llevar el peso del arca sobre sus hombros, mientras el pueblo guardaba distancia de dos mil codos. Que los sacerdotes llevaran el arca sobre sus hombros significa que el liderazgo trae la presencia de Dios en medio del pueblo. Cuando los líderes están comprometidos seriamente con Él, traen Su presencia al pueblo.
La Palabra nos habla del paso por el río Jordán, cuando Josué hizo una invitación al pueblo a la santificación. “Santificaos, porque Jehová hará mañana maravillas entre vosotros” (Josué 3:5). Los sacerdotes debían llevar el peso del arca sobre sus hombros, mientras el pueblo guardaba distancia de dos mil codos. Que los sacerdotes llevaran el arca sobre sus hombros significa que el liderazgo trae la presencia de Dios en medio del pueblo. Cuando los líderes están comprometidos seriamente con Él, traen Su presencia al pueblo. En esta ocasión, el Señor respaldó a Josué como en el pasado respaldó a Moisés. En el pasado, Él descendió sobre el monte y era tal Su presencia que el pueblo estaba asustado, temblando y espantado por la gloria de Dios en medio de ellos. En esta ocasión no sucedió lo mismo, porque el arca de la alianza les trajo paz, familiaridad y certeza de que Él estaba con ellos. Los que llevaban el arca debían guardar una vida de integridad ante el Señor. Por eso quedó registrado en la Palabra que debían santificarse todos los que participaban en el altar. Al hablar del altar no nos referimos sólo al púlpito sino a todo lo que está en torno a la relación con Dios. Los músicos son los levitas que llevan al pueblo a la intimidad con Él. En la iglesia hay un concepto, quien debe tener una vida de santidad es el pastor, aunque los músicos sean medio mundanos, lo importante es que toquen bien. Eso es contaminar el altar de Dios, y nosotros hemos cuidado el altar. Usted puede ser el músico más excelente, pero si su testimonio no es recto, no subirá a la plataforma. Reconozco que en muchas ocasiones hemos tenido la música en disco compacto como acompañamiento, pero prefiero este tipo de alabanza a que alguien que no tiene un corazón recto contamine el altar de Dios. A veces, los músicos no tienen en cuenta que son parte del sacerdocio, son los levitas que llevan al pueblo a la adoración; pero la culpa no es de ellos, sino de los pastores que los contratan. Quieren tener buena música, pero una cosa es lo que el mundo ve bueno y otra es lo que Dios ve bueno. Para Él, la música pura que alcanza Su corazón fluye de corazones conforme al corazón de David. Con esto no digo que se debe implementar una alabanza mediocre en las iglesias; por el contrario, que quien ministra esté al nivel de santidad que demanda el Señor.
Nosotros no transmitimos palabras y sonidos, sino espíritu y vida. Lo que hay en el corazón del músico se transmite a través de la música; por eso deben tener un alto compromiso de santidad con Dios. Todos los músicos de rock diabólico están comprometidos altamente con Satanás y, cuando van a actuar a una ciudad, se apartan una semana en ayuno, orando al adversario para maldecir la ciudad. Quienes deben contrarrestarlo son los músicos de Dios, quebrantando esas maldiciones con una vida de integridad y santidad. Son los que deben levantarse como guerreros, cerrando las puertas al enemigo en cada ciudad. Josafat puso al pueblo a que ministrara alabanza y, mientras lo hacía, Dios desbarató los ejércitos del enemigo. Necesitamos restaurar la presencia de Dios en nuestra iglesia, que todas las personas del liderazgo estén santificadas y que todos los que participan de lo consagrado estén santificados.